Funcionamiento de los Exoesqueletos
Una vez que nos lo hemos puesto en el cuerpo, veremos que tiene una serie de motores que nos ayudan a mover los brazos y las piernas. Además, lleva sensores biométricos. Es decir, unos detectores que reconocen esas señales nerviosas que genera nuestro cerebro. Vamos. Que el chisme siente lo que queremos hacer en cada momento. Para controlarlo todo, estos trajes metálicos vienen con un miniordenador superlisto. Al final, con sólo pensarlo, nos ponemos en marcha o levantamos 100 Kg como si nada.
Para que todo funcione, el equipo se completa con unas baterías que se recargan por la noche. Sí. Como lo oyes. Al exoesqueleto le pasa lo mismo que al teléfono móvil. Cuando nos acostamos, hay que dejarlo enchufado.
Hoy hemos encontrado algunos fabricantes que están trabajando en este tipo de inventos. Por ejemplo, la empresa israelí Rewalk, la japonesa Cyberdyne o la neozelandesa Rex Bionics. Lo único malo de estos primeros exoesqueletos es su precio, hoy, cada uno nos puede costar cerca de 90.000 euros. Como pasa con todos los inventos nuevos, poco a poco el precio irá bajando y se pondrá al alcance de todo el mundo
